La terraza era muy agradable. Los veladores se disponían aquí y allá, como en un orden superior dentro del más absoluto caos. El Sol lucia en un radiante cielo azul, salpicado por alguna nube, y un delicioso olor a flores frescas correteaba como un chiquillo entre las mesas, a su albedrío. Me refesqué la garganta con un trago largo de cerveza, y cuando iba a depositar la jarra en la mesa, apareció ella. Me miró inquisitiva, y separó su precioso pelo moreno y liso de su cara. Tomó asiento, y antes de que pudiera hablar, me dijo furiosa:"Me dijiste que ibas a dejar de fumar". "Estoy en ello" le contesté algo cortante. Me quedé embelesado, observando sus pequeños y bellos ojos negros, su nariz diminuta, su busto generoso, sus curvas, sus largas piernas...con un tono algo más relajado, le dije que siempre estaba igual, afeando algunas de mis innumerables conductas insanas y absurdas. Ella sonrió y alargó su mano...
That's the question...esta famosa cita literaria, que por cierto pierde todo su significado al ser traducida a la lengua de Cervantes, esconde enigmas que ni el mismísimo Shakespeare conocía en el momento de parirla, estoy seguro de ello. No, no es igual ser que estar. Me viene a la memoria, por ejemplo, Sor María de Jesús de Ágreda. A esta fascinante mujer, monja de clausura, se le atribuye la evangelización de Nuevo México, sin abandonar nunca el claustro, claro. Este fenómeno es conocido como bilocación. Podemos creerlo o no, pero no es esa la cuestión. Para aumentar el dislate, viene la física cuántica y nos dice que una partícula puede estar en dos sitios de forma simultánea. Tal cual. No tenemos que recurrir a estos extremos para explicar el ser y el estar. Otro ejemplo. Tú. Lector. Puede que ahora mismo estés en el metro, teléfono en mano, y hayas dicho: A ver que ha escrito el gilipollas este. O puede que estés tumbado en una cama, junto a tu niño que no puede dorm...
Eran ya las doce y media de la noche. La cosa se complicaba, no le gustaba cenar tan tarde y tampoco le gustaba Joaquín Sabina, que era la música que estaba sonando en esos momentos. Candidatos no le faltaban. Echó una nueva mirada al local y se decidió por uno. Contorneándose como pocas mujeres saben hacer, se aproximó a él. -¿Me conoces? No me quitas ojo, por eso te lo digo. El joven, ruborizado y casi sin mirarla a la cara, le contestó: -Perdona, yo... Ella le cortó rápidamente, "mira, no andemos con rodeos, ¿Quieres tomar una copa con conmigo? pero en mi casa, tengo mejor música que la que suena en este antro" -Por supuesto, contestó el joven. Ella comenzó a andar hacia la puerta, el joven la seguía mientras la observaba de arriba a abajo. Era una chica muy atractiva. No muy alta, bien proporcionada y con un pelo rubio muy llamativo que recordaba a aquellas actrices de moda en la época dorada de Hollywood. Llevaba unos zapatos color maquillaje, con un poco de t...
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