That's the question...esta famosa cita literaria, que por cierto pierde todo su significado al ser traducida a la lengua de Cervantes, esconde enigmas que ni el mismísimo Shakespeare conocía en el momento de parirla, estoy seguro de ello. No, no es igual ser que estar. Me viene a la memoria, por ejemplo, Sor María de Jesús de Ágreda. A esta fascinante mujer, monja de clausura, se le atribuye la evangelización de Nuevo México, sin abandonar nunca el claustro, claro. Este fenómeno es conocido como bilocación. Podemos creerlo o no, pero no es esa la cuestión. Para aumentar el dislate, viene la física cuántica y nos dice que una partícula puede estar en dos sitios de forma simultánea. Tal cual. No tenemos que recurrir a estos extremos para explicar el ser y el estar. Otro ejemplo. Tú. Lector. Puede que ahora mismo estés en el metro, teléfono en mano, y hayas dicho: A ver que ha escrito el gilipollas este. O puede que estés tumbado en una cama, junto a tu niño que no puede dorm...
Aquella mañana se sorprendió mirándose al espejo, ensimismado, como si no reconociera la imagen que reflejaba. Tres días más tarde dejó de poner la radio en el coche. Semanas después, comenzó a ignorar mensajes y llamadas. Vagaba, invisible, por las calles de Madrid, como si de un muerto vertical se tratara. Al llegar a casa se sentaba frente al espejo, observando a aquel extraño que aparecía ante él. Sin motivo aparente lloraba durante horas, sintiendo como poco a poco caía dentro de un profundo pozo que se había abierto dentro de él. En pocos meses se quedó sin alma. Nadie, ni siquiera el extraño del espejo, le ayudó, a pesar de gritar con su mirada pidiendo auxilio. Aquel día al llegar a casa cogió un cuchillo de la cocina. Le costó trabajo encontrarlo entre el desorden imperante. Se sentó frente al espejo. El extraño lo contemplaba impasible. Atravesó la piel de sus muñecas. Su sangre comenzó a brotar, serpenteando de forma caprichosa por su piel. Una gran paz comenzó ...
Eran ya las doce y media de la noche. La cosa se complicaba, no le gustaba cenar tan tarde y tampoco le gustaba Joaquín Sabina, que era la música que estaba sonando en esos momentos. Candidatos no le faltaban. Echó una nueva mirada al local y se decidió por uno. Contorneándose como pocas mujeres saben hacer, se aproximó a él. -¿Me conoces? No me quitas ojo, por eso te lo digo. El joven, ruborizado y casi sin mirarla a la cara, le contestó: -Perdona, yo... Ella le cortó rápidamente, "mira, no andemos con rodeos, ¿Quieres tomar una copa con conmigo? pero en mi casa, tengo mejor música que la que suena en este antro" -Por supuesto, contestó el joven. Ella comenzó a andar hacia la puerta, el joven la seguía mientras la observaba de arriba a abajo. Era una chica muy atractiva. No muy alta, bien proporcionada y con un pelo rubio muy llamativo que recordaba a aquellas actrices de moda en la época dorada de Hollywood. Llevaba unos zapatos color maquillaje, con un poco de t...
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